
Antonio de Padua
San Antonio de Padua es invocado para las cosas perdidas a causa de un episodio de su propia vida: un novicio que había abandonado la orden se llevó el preciado salterio de Antonio, lleno de sus apuntes para enseñar. Antonio oró por su devolución, y la leyenda cuenta que al ladrón le sobrevino tal temor que devolvió el libro y se reincorporó a la comunidad. De ahí que el fraile se convirtiera, para toda la cristiandad, en el santo que encuentra lo perdido. Su entrega a los pobres y hambrientos brota de su vida franciscana y de su fama como predicador de los desamparados, por lo cual es también patrono de los pobres y contra el hambre; la costumbre, todavía viva, del «Pan de San Antonio», limosna dada para alimentar a los hambrientos en agradecimiento por su ayuda, mantiene vivo ese vínculo. Como fraile que viajó lejos para predicar y que en una ocasión sobrevivió a una tormenta en el mar, es asimismo invocado por los viajeros y contra los naufragios, y también por los carteros que le confían sus caminos. Hijo de Lisboa, sigue siendo uno de los grandes patronos de Portugal.
San Antonio de Padua fue un fraile franciscano portugués y Doctor de la Iglesia, famoso por su poderosa predicación y su devoción a los pobres. Nacido alrededor de 1195 en Lisboa, es uno de los santos canonizados más rápidamente en la historia de la Iglesia.