
Mónica
Santa Mónica es la patrona de las madres, de las esposas y de cuantos sufren por hijos descarriados, porque su propio largo dolor fue precisamente el de ellos: durante años lloró y oró sin descanso por su brillante y disoluto hijo Agustín, siguiéndolo incluso al otro lado del mar, hasta que al fin se convirtió y fue bautizado — habiéndole asegurado un obispo que «el hijo de tantas lágrimas no podía perderse». Es patrona de las esposas porque soportó con paciencia a un marido difícil e infiel y ganó también su conversión con dulzura. Porque Agustín recuerda que en su juventud ella fue tentada al exceso de vino y lo venció, se la invoca también por los alcohólicos y por quienes ruegan por ellos.
Santa Mónica es la madre de San Agustín de Hipona. Nacida alrededor del 332 en el norte de África, pasó décadas orando y llorando por la conversión de su brillante pero descarriado hijo. Su oración persistente fue recompensada cuando Agustín fue bautizado por San Ambrosio en 387.