
Pablo
San Pablo es patrono de los misioneros y evangelizadores por la razón más sencilla: como Apóstol de los gentiles llevó el Evangelio por todo el mundo romano en tres grandes viajes (Hechos 13–28), y nadie ha modelado más hondamente la vocación misionera. Es patrono de los teólogos y escritores porque sus trece epístolas son la enseñanza doctrinal más profunda del Nuevo Testamento: desde entonces la Iglesia razona a partir de sus cartas. Los editores católicos y la prensa lo reclaman como el gran comunicador de la Palabra, y los fabricantes de tiendas lo honran porque se sostenía con ese oficio mientras predicaba (Hechos 18,3). Su patronazgo sobre la conversión brota de la suya propia: derribado camino de Damasco, el perseguidor se hizo apóstol (Hechos 9,1-19).
San Pablo, el Apóstol de los Gentiles, fue originalmente un fariseo llamado Saulo que perseguía a los cristianos. Tras su dramática conversión en el camino a Damasco, se convirtió en el mayor misionero de la Iglesia primitiva.