
Sebastián
San Sebastián es patrón de los arqueros y los soldados por el motivo más literal: era capitán de la Guardia Pretoriana, y al descubrirse su fe, Diocleciano lo mandó atar a un poste y asaetear por sus propios arqueros. De ese mismo martirio asaeteado nace su patronazgo de los atletas — la figura esbelta y musculosa del arte y su disciplina de soldado lo hicieron modelo de la fuerza física ofrecida a Dios. Sobre todo se le invoca contra la peste: en la baja Edad Media la flecha se veía como imagen misma de la plaga que hiere de súbito desde el cielo, y así como Sebastián sobrevivió a las flechas, se rogaba que desviara los dardos de la peste. A su intercesión se atribuyó el fin de epidemias en Roma (680), Milán y otros lugares, consagrándolo como uno de los grandes santos contra la peste de Europa.
San Sebastián fue un soldado cristiano en el ejército romano durante el reinado del emperador Diocleciano. Cuando se descubrió su fe, fue asaeteado. Dado por muerto, fue curado, pero volvió a enfrentar al emperador y fue golpeado hasta la muerte.